Custodia Compartida

En el anterior post del blog establecimos una pauta de comportamientos típicos en los menores cuando sus padres se divorcian. Para seguir el hilo, en este post nos centraremos en cómo reaccionan los niños de mayores edades.

Entre los seis y los ocho años:

Cuando los menores cumplen seis años, empiezan a dejar la época de egocentrismo a un lado para empezar a entender las emociones de quienes tienen alrededor. Por ello, son mucho más capaces de entender el divorcio, aunque suelen ser poco expresivos al respecto por no preocupar a sus padres.

Empiezan a necesitar más información sobre lo que está ocurriendo a su alrededor, porque el divorcio ya les afecta de forma emocional y personal y son conscientes de ello.

Es en esta etapa cuando los niños corren el riesgo de culparse a sí mismos por lo que está aconteciendo a su alrededor, al igual que imaginar de forma constante que es una situación pasajera y tarde o temprano sus padres volverán a estar juntos.

También es normal, según la situación en la que se desarrolle el divorcio, que los menores sientan rabia, tristeza y nostalgia por el progenitor que ya no reside con ellos. Por ello, es muy importante que, pese a no compartir vivienda, ambos progenitores estén al día de lo que acontece en la vida de su hijo, no permitiendo que la relación se distancie por la nueva situación.

Entre los nueve y los doce años:

En esta edad los menores empiezan a ser ya mucho más conscientes de lo que es la culpa y a qué pueden atribuirla, por lo que el sentimiento de culpabilidad que anteriormente podía surgir en una situación de divorcio en esta etapa desaparece.

En consecuencia a lo anterior, los menores entran en una etapa donde empiezan a buscar culpables del divorcio de sus padres, y es donde se plantean cuestiones de índole moral que les puede hacer pensar si el comportamiento de un progenitor ha estado bien o mal para con el otro.

Cuando el divorcio tiene un punto conflictivo, los menores empezarán a sentir una vergüenza por el comportamiento de sus padres que puede derivar en rabia hacia quien tomó la decisión de iniciar el proceso. Para evitarlo, lo mejor es mantener al margen de cualquier conflictividad a los hijos, puesto que son quienes sufren por sí mismos y por ambas partes.

En la adolescencia:

La adolescencia es una etapa donde los hijos experimentan una serie de cambios físicos, emocionales y psicológicos que pueden verse alterados por la separación de sus padres. Puede entenderse como una pérdida susceptible de adaptación, para terminar sufriendo un duelo necesario de superar.

Numerosos estudios apuntan a que, precisamente por lo importante que es esta época en el desarrollo de los hijos, la separación de los padres se considera un factor de riesgo. Muchos de los adolescentes que viven un procedimiento de divorcio acaban sufriendo estrés emocional, resentimiento, desobediencia, cuadros de ansiedad o incluso presentar dificultades en el ámbito escolar.

En esta etapa los hijos son conscientes de la desorganización familiar que causa un divorcio, y por ello pueden pasar por fases de miedo y enfado. Es muy importante que, para evitarlo, los padres le expliquen detalladamente cómo será la nueva organización y le faciliten todo lo posible su adaptación.

Hay que tener especial cuidado con el trato que se les da a los hijos adolescentes tras la separación, puesto que es habitual que muchos progenitores los traten como sus confidentes. Esto puede generarles a los menores una necesidad de crecer antes de tiempo que puede desembocar en un desasosiego por no saber cómo actuar.

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