Custodia Compartida

¿ Qué tipo de relación he de tener con el padre/madre de mis hijos tras la separación para su educación?

En función de la familia, especialmente, el nivel de apoyo o involucración de los progenitores hacia los hijos y el nivel existente de conflicto parental, existen cuatro perfiles de coparentalidad post-divorcio: cooperativa, conflictiva, paralela y mixta.

La coparentalidad cooperativa se daría con un nivel bajo de conflicto y alto de apoyo. Estas familias buscarían mantener espacios de comunicación, donde pudieran llegar a acuerdos sobre decisiones sobre sus hijos y en su mayor grado, buscan proteger la imagen del otro progenitor, ante los posibles conflictos cotidianos. Este estilo, favorece un cuidado hacia los menores, no involucrándolos en posibles conflictos parentales que puedan surgir, así como una mayor capacidad de regular a sus hijos y mantener unos límites adecuados.

La coparentalidad paralela coincide con niveles bajos de conflicto e involucración. Estos progenitores mantienen estilos educativos propios, sin que exista una preocupación por buscar puntos comunes entre ambos. Cada hijo se va acostumbrando a unas directrices diferentes en cada entorno, sin que exista una problemática frecuente. Este modelo se pone a prueba en muchas ocasiones en la adolescencia, ya que esta etapa en muchas ocasiones rebelde pone a prueba los estilos educativos de cada progenitor, lo que puede generar una variación hacia un estilo más cooperativo, o de enfrentamiento entre los progenitores.

Aunque la coparentalidad cooperativa está asociada con los mejores resultados tras el divorcio, estudios muestran que la coparentalidad paralela no está asociada con resultados negativos. El que los padres limiten sus relaciones puede reducir la posible conflicitivdad que podría generarse de mantener continuas interacciones.

La coparentalidad conflictiva se define por una alta conflictividad acompañada por bajo apoyo a los hijos. Este perfil de familias es muy común en los casos judicializados. Estas familias generan dinámicas donde el conflicto es el protagonista, y los posibles problemas cotidianos del día a día quedan atrapados bajo la lectura que se hace del conflicto. Este estilo de coparentalidad es el más perjudicial para los hijos en común, generando dinámicas perjudiciales, donde los menores se ven introducidos.

En último lugar, quedaría una coparentalidad mixta, en donde existirían altos niveles de conflictividad y apoyo a los hijos. Esto se traduce en que, a pesar de existir un conflicto latente, los progenitores buscan evitar el conflicto, reduciendo al mínimo el contacto coparental.

Bibliografía: Ahrons, 1994; Hetherington y Stanley-Hagan, 2003; MacCoby y Mnookin, 1992, Adamson y Pasley, 2006

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