Custodia Compartida

La sucesión mortis causa al frente de una empresa familiar es uno de los momentos más críticos en su evolución y puede dar lugar a múltiples problemas que pongan en peligro la pervivencia de la empresa familiar. Por eso, el fenómeno sucesorio presenta gran importancia cuando el objeto de la herencia es una empresa familiar.

Es conveniente que el régimen sucesorio interfiera lo menos posible en el funcionamiento de la empresa. En este sentido, se pueden adoptar protocolos familiares, que son un conjunto de pactos suscritos por los socios entre sí o con terceros con los que guardan vínculos familiares para regular las relaciones entre familia, propiedad y empresa que afectan a la entidad (art 2.1 RD 171/2007). Los protocolos familiares pueden contener cláusulas relativas a la sucesión mortis causa de los socios tales como, la restricción a la libre participación de acciones. Sin embargo, la respuesta jurídica al problema, que es la elaboración del protocolo, incluso con su posterior desarrollo mediante otras figuras como los testamentos o los estatutos sociales, puede resultar insuficiente si esa planificación legal no viene acompañada de una planificación económica.

Por eso es importante conocer la situación existente en comunidad hereditaria, estando la herencia yacente, así como cuestiones a plantear en vida del empresario para facilitar a los herederos una sucesión ordenada: especialidades en materia de liquidación de régimen económico-matrimonial, especialmente el legal de gananciales, cuando entre los bienes a liquidar se encuentra la empresa familiar; y como especialidad relevante, ya en sede de partición, el artículo 1056 del Código civil examinando elementos personales, reales, posición jurídica del adjudicatario de la empresa o explotación, formas de pago de la legítima y garantías.

Fallecido el causante, y sin perjuicio de que los herederos suceden al difunto en todos sus derechos y obligaciones (art. 661 CC), la herencia está en indivisión en tanto no se produce la efectiva partición hereditaria.

La comunidad hereditaria se integra por todos los herederos, por los legatarios de parte alícuota como beneficiario del activo líquido de la sucesión, por los legitimarios, si son personas distintas y por el cónyuge viudo, como legatario en parte alícuota de herencia en usufructo y titular de la facultad de pedir partición.

La comunidad puede tener dos grandes orígenes: la yacencia hereditaria, hasta que se produzca la aceptación de herencia retrotrayéndose los efectos al fallecimiento del causante (989 CC); y la situación de proindivisión creada entre la aceptación de la herencia, aún tácita, y la partición. Incluso tras la partición de la herencia es posible mantener una comunidad convencional sobre los bienes sujetos a regulación por el testador, o por los mismos herederos, al amparo de los artículos 392.2 y 1669 CC, como sociedad interna. La comunidad hereditaria se regirá por la voluntad del testador.

 

 

 

 

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